Diana de Gales, la princesa COOL

La Princesa Diana en 1985
La Princesa Diana en 1985 / Foto: Getty

Lady Di no necesita presentación porque es una de esas mujeres que ya te provoca una sensación nada más pronunciar su nombre. La Princesa Diana es una de esas mujeres atemporales que pase el tiempo que pase, siempre es noticia. Por lo que supone en la actualidad, y por lo que supuso hace unos años: un soplo de aire fresco en una monarquía cerrada donde no estaban acostumbrados a una personalidad como la de Diana. Diana de Gales era y es una mujer COOL.

 

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Diana Spencer ya era una mujer arrolladora desde que nació. Lo cuenta su propia hermano en el documental The Story of Diana. Una de esas niñas con aura que iluminaban la habitación en la que entraba. Diana sabía de pequeña que llegaría lejos. Y sin duda, su intuición se cumplió.

Su gran camino comenzó a los 18 años cuando se comprometió con el Príncipe de Gales, un 24 de febrero de 1981. Su imagen angelical guardaba otro significado: una gran personalidad que se demostraba por ese corte de pelo de estilo tom boy –que marcó tendenciao por la elección del diseño, un traje azul klein con el que era imposible fijarse en ella. Diana de Gales tenía muy claro que había llegado para quedarse. Tan prescriptora de moda fue que Kate Middleton eligió el mismo color que ella en el día de su compromiso como un claro homenaje.

Lady Di y la moda

La moda fue una gran catapulta para la Princesa Diana. Rompió moldes, modernizó a la monarquía y le dio un aire sofisticado mucho más natural. Las apariciones de la Princesa captaban titulares y fotografías y mujeres de medio mundo se inspiraba en sus looks. Diana tenía muy claro el papel que tiene la moda en la sociedad y fue embajadora de grandes diseñadores de la época. Acostumbrados a los estilismos más férreos y soporíferos -para qué negarlo- de la Familia Real, con alguna excepción… Lady Di llenó de color un mundo de blanco y negro.

Lady Di en 1983
Lady Di en 1983 / Foto: Getty

También la moda jugó un papel fundamental en las facetas más tristes de su vida. Al romper con el Príncipe Carlos, la Princesa Diana optó por diseños más atrevidos, e incluso más cortos o sexys, reivindicando que además de esposa y madre, también era mujer. Imposible olvidar ese little black dress que acaparó todas las portadas tras las noticia de su divorcio. Los looks memorables de la Princesa son tantos que es complicado hablar de todos, pero muchos se nos vienen a la cabeza y muestran esa evolución de la mujer en la finalmente se convirtió. Inolvidable su vestido negro Travolta, que lució bailando con el actor en 1985.

Sus looks de diario también reforzaban esa imagen de mujer real pese a pertenecer a una monarquía. Sus estilismos de botas cow boy, sudaderas oversized y americanas -que tanto se replican ahora- mostraban a una mujer que trataba de tener su propia vida. Su estilo más relajado no solo acercaba su figura al pueblo -más allá de sus acercamientos en los actos oficiales-, nos mostraban a una mujer COOL en muchos aspectos. Una mujer que se vestía como quería y que apostaba por una comodidad sofisticada de manera completamente natural.

 

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Su cercanía: su mayor virtud

Esa cercanía en la manera de vestir se sumaba a esa cercanía que solía tener en los actos oficiales. Acostumbrado el pueblo británicos a los saludos más fríos y lejanos, la calidez de la Princesa cambió la forma de ver la monarquía. El pueblo se sentía identificado con esa joven mujer que parecía tener todas las características para ser la perfecta reina. No lo fue, pero se convirtió en la mayor reina de corazones de la historia reciente. Sus abrazos, sus sonrisas y sus palabras quedan en la mente de la sociedad británica, y del mundo entero, y nos llegan a pesar del tiempo y veamos las imágenes en un documental. Lady Di fue un auténtico torbellino, un soplo de aire fresco que relajó el protocolo de una manera positiva. Por algo se convirtió en «la Princesa del Pueblo». La empatía, poco vista antes, era una de sus grandes virtudes.

La Princesa Diana en 1983
La Princesa Diana en 1983 / Foto: Getty

Lady Di fue una mujer con una sensibilidad especial hacia los más desfavorecidos. Hacia los enfermos, personas sin hogar… Y también los niños. La Princesa Diana se convirtió en la mejor embajadora de todas estas personas que pocas veces tienen una voz. Presidió numerosas fundaciones benéficas, se involucró en causas como la del sida o la lepra, ayudó a los niños más pobres de África… Su labor filantrópica, que realizó en los últimos años de su vida, enalteció la figura de una mujer que ya era un icono mundial. Imprescindible no recalcar su lucha contra las minas antipersona. Años después la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Antipersona obtuvo el premio Nobel de la Paz, y en parte se debe al trabajo que realizó Lady Di con esta causa.

La mujer más querida de todas

Lady Di, que recibió del pueblo todo ese amor que no recibía en casa, se convirtió en un icono de la mujer moderna. En una monarquía tan tradicional como la británica, y en una sociedad que se estaba adaptando a los nuevos tiempos, Lady Di se convirtió en un icono para muchas mujeres en muchos sentidos. Trabajadora, sofisticada, la mejor madre posible, divertida, cercana, educada… Fue una mujer con muchas virtudes, y podríamos decir, mala suerte. Una mujer incomprendida que ahora valoramos todo lo que hizo por aquel entonces.

La mujer más famosa del mundo en los años 80 no solo era la mujer del futuro rey de Inglaterra. Era una aristócrata a la que se le daba bien el espectáculo, divertida, con don de gentes, familiar y unas ganas de comerse el mundo arrolladoras. Quizás es que el mundo, en ese momento, no estaba preparado para una mujer tan carismática.

 

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