Los mejores viajes de Semana Santa de la redacción de COOL

Atardecer en Giza, Egipto / Foto: Unplash
Atardecer en Giza, Egipto / Foto: Unplash

Esta Semana Santa no podemos viajar por placer, así que las próximas vacaciones las cogeremos con más ganas. Ya que no podemos viajar en presente, vamos a hacerlo en pasado. Hemos hecho memoria y hemos recordado algunos de nuestros viajes más icónicos, todos realizados en estas fechas. Lugares nacionales, rincones internacionales, playas de ensueño, sitios llenos de historia… ¿Cuáles son los mejores viajes de Semana Santa de la redacción de COOL? Son estos.

Estefanía Cantos: Fisher Island y Palm Beach

«Mi mejor viaje fue a Fisher Island (Miami) y a Palm Beach. Siempre viajo a hoteles porque no me gusta ir a casas de nadie, cuando viajo adoro la vida de hotel, pero esta vez fuimos a la casa de unos grandes amigos.
Fue como estar en casa… Fue un viaje lleno de momentos, de experiencias, de planes, de descanso, de cariño, de amistad, de diversión y de desconexión. Un viaje muy especial…».

Una playa de Miami / Foto: Unplash
Una playa de Miami / Foto: Unplash

Patricia R. García: norte de España

«Pensar en un viaje en Semana Santa, en mi caso, se traduce en familia y viajes por el norte de España. Cuando era más pequeña, en estas fechas nos juntábamos con otras familias con hijos y nos íbamos a pasar unos días a algún punto de Asturias, Cantabria, País Vasco o Galicia. Recuerdo esos viajes en coche escuchando en una cinta de música o un CD, algún grupo pop de los 90 o 2000 cuando me tocaba a mí, y Juan Luis Guerra cuando era el turno de mi madre, a mi padre y mi hermano nunca les tocaba. Imposible olvidar los paisajes cambiantes según abandonábamos la meseta y cómo la lluvia y la niebla se hacían más presentes según nos acercábamos a nuestro destino. Allí, bien ataviados con nuestro abrigo y unas deportivas, nos hacíamos nuestras míticas caminatas para acabar comiendo algún plato de cuchara en un pequeño restaurante de donde siempre salíamos encantados».

San Juan de Gaztelugatxe / Foto: Unplash
San Juan de Gaztelugatxe / Foto: Unplash

Paloma Herce: Egipto

«Hace unos años pasé la Semana Santa en Egipto, y se ha convertido en unos de mis viajes preferidos de siempre. Empecé el camino en El Cairo y seguimos con un crucero por el Nilo en el que disfrutamos de Luxor o el Valle de los Muertos. Bajar a una pirámide fue una de las experiencias más especiales que he vivido en mi vida. Mi cumpleaños coincidió allí y empezó cogiendo un avión para viajar a Abu Simbel, el lugar donde antes se encontraba el Templo de Debod. El paisaje era espectacular, y entrar en un templo de estas características me dejó sin palabras. Recuerdo un atardecer en lo alto de la torre del hotel, con el Nilo debajo, escuchando como las diferentes voces a lo largo de la ciudad llamaban a la oración. Fue un momento mágico. El día finalizó cenando con el actor Omar Sharif al lado».

Templo de Luxor en Egipto / Foto: Unplash
Templo de Luxor en Egipto / Foto: Unplash

Fina Grosso: el sur

«Recuerdo con especial cariño siempre estas fechas. Son momentos para estar en familia y disfrutar. Sin duda mi Semana Santa perfecta siempre ha sido en el sur, tanto en Andalucía (Málaga y Granada) como, mucho más al sur aún, en mi querida Argentina. Pero si tuviera que elegir, me quedo con la de hace un par de años, con un sol brillante, pasión cofrade, buena comida, familia y amigos. En Andalucía, claro».

La Alhambra de Granada / Foto: Unplash
La Alhambra de Granada / Foto: Unplash

Rocío Álvarez: México

«Si pienso en años anteriores, la Semana Santa eran días para disfrutar y descansar. En la dulce infancia creo que todos veíamos estas fechas como unas de las más esperadas del año, junto con Navidad y verano. Una semana para poder saltarte clase sin tener que fingir que estabas malo, una semana completamente merecida. Creo que es por esta razón que a día de hoy, en esta nueva normalidad, la echamos tanto de menos.

En mi caso esta morriña se ve acrecentada. Mis viajes en Semana Santa, cuando era muy pequeña, no eran en España, ya que este no era mi país de residencia. Vivía en México y mis escapadas se traducían en arena blanca, playas paradisíacas y aguas cristalinas. Otras en cambio eran pequeñas localidades repartidas por la ciudad, llenas de cultura, de viejas tradiciones y de palabras amables. Podría hablarte de Yucatán, Playa del Carmen, Ixtapa o muchos otros pueblos costeros, donde la vista no llegaba más allá del azul del mar. Sin embargo, en mi caso mi recuerdo más bonito y que mejor conservo no es en una playa paradisíaca, si no en un pequeño pueblo interior: Valle de Bravo.

Esta localidad no tiene nada de especial en sí, pero si sabes dónde buscar, encontrarás uno de los lugares más bonitos de la tierra. Su nombre es Santuario de las Mariposas Monarca. Su nombre propio lo dice, pero en cinco palabras no se puede explicar la maravilla que presencié. Después de tres horas a caballo por los valles de Valle de Bravo, bosque y pradera se van quedando atrás para dejar a la vista un campo de hectáreas a rebosar de mariposas monarca. Esta especie se caracteriza por su tamaño, asombrosamente grande, y por sus colores anaranjados. Al entrar en el prado ves cómo miles de millones de mariposas vuelan sobre tu cabeza, y se envuelven en tu cuerpo… No hay nada que lo iguale. Los que tengan miedo a los insectos no les será muy agradable, ya que estas suelen posarse en la ropa de los visitantes y acompañarles a lo largo de su travesía… Pero no son dañinas, simplemente curiosas e inocentes. No he visto nada igual en mi vida, ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida».

Mariposa monarca en el Valle de Bravo, en México / Foto: Unplash
Mariposa monarca en el Valle de Bravo, en México / Foto: Unplash