El Citroën CX, por Rafael Chelala

  • Rafael Chelala
Citroën CX de 1977
Citroën CX de 1977 / Foto: Citroën

La adquisición de marcas icónicas por grandes grupos automovilísticos siempre supone un riesgo de pérdida de personalidad; incluso de extinción. Así por ejemplo el caso de la sueca Saab, o de Jaguar cuando fue adquirida por Ford y se dedicaron a hacer una especie de Taurus lleno de pésimos plásticos y con el felino en su frontal.

Una de las empresas que tiene un importante reto en esta permanencia en su esencia original es Citroën, y voy a traer al recuerdo uno de sus vehículos para mí más representativos de lo que fue la marca. El Citroën CX, que debe su nombre a su para entonces fantástico coeficiente de poca resistencia aerodinámica, denominado coeficiente CX. Pero es que este automóvil mucho más que esto.

El CX no es el mejor de los Citroën, de hecho, muchas innovaciones del anterior modelo se pierden, y es que el DS tiburón era como si hoy fabricas un coche en serie que vuela, sin ruedas. Así por ejemplo, en el nuevo CX se perdieron los faros direccionales, que hoy se vuelven a utilizar en muchos vehículos con soluciones actualizadas. O las puertas sin marco, lo que era absolutamente disruptivo para la época. Sin embargo, y pese a ello, en mi opinión el CX fue la última gran berlina de la auténtica saga Citroën, que ponía a los franceses en la estratosfera de la automoción.

Citroen CX Prestige R
Citroën CX Prestige R / Foto: Rafael Chelala

El CX era un coche distinto por dentro y por fuera. En su primera serie, la instrumentación no se leía en relojes, sino que en tambores con diales iluminados y lupa que en aquél entonces rompía todos los moldes. Y ahora, casi 50 años después, todavía llama la atención. Su volante también era distinto, con un solo brazo inferior, facilita mucho la lectura de la instrumentación con la esfera totalmente liberada de obstáculos que impidan la visión del tablero con forma de lenteja. Además, se dota al coche de más seguridad al volver siempre el volante a su posición central. Y la mayoría de los controles en originales satélites laterales a los lados de la instrumentación, que han marcado tendencia en la marca, más parecía un prototipo que un coche de serie.

El CX hereda la línea del DS actualizada y con rasgos característicos como su rueda trasera carenada, sus cristales con curvaturas imposibles o la forma de sus característicos faros delanteros de deprerador. Pero sobretodo el CX se distinguía por la comodidad de ese coche alargadísimo y afilado, gracias a una innovadora suspensión sin muelles y que era regulable en altura mediante una palanca entre los dos asientos delanteros, permitiendo subirlo más que muchos de los actuales SUV o ponerlo al ras del suelo para facilitar la entrada y salida de los pasajeros, o dotarlo de gran estabilidad en viajes velocidades altas. Citroën demostraba una vez más que en esto de la suspensión eran los mejores a años luz de los competidores. Hasta en Rolls Royce decidieron no complicarse la vida y montar las fantásticas suspensiones hidroneumáticas del coche de ciencia ficción, porque los franceses producían los coches más cómodos del mundo, que parecía volaban bajo los diseños disruptivos del recientemente fallecido por Covid, Robert Opron.

El Citroën CX, por Rafael Chelala
Citroën eC4 / Foto: Citroën Media

La historia de la marca parte del parisino André Citroën, hijo de inmigrantes judíos y desde niño fascinado por las historias de Julio Verne, de donde respira el carácter innovador y avanzadísimo de los automóviles con fascinantes creaciones que parecían de ciencia ficción y homenajeaban al literato. Sin la inspiración que tuvo André del escritor, los automóviles Citroën nunca serían lo que han sido, originalísimas soluciones y diseños únicos. El símbolo de la marca gala, los dos chevrones, parte precisamente de un invento de André Citroën consistente a un tipo de engranaje en forma de V que superaba a los tradicionales engranajes de diente plano y que, por supuesto se utilizaron como solución en mecánicas la marca gala, también inspiradas en ingenios de la literatura de Verne en su Nautilus.

El CX además se fabricó en España, porque digan lo que digan, los franceses en lo que a industria automovilística se refiere, confían y quieren a los españoles. Las fábricas francesas implantadas en nuestro territorio han fabricado millones de vehículos. En el caso de Citroën, dentro de no mucho se alcanzarán los 13 millones de coches fabricados en España, que es mucho. La ciudad de Vigo, donde se fabricó el CX, es una de las que más le debe al fabricante con muchas décadas produciendo coches y furgonetas que se exportan a todo el mundo. Y en Madrid otra fábrica, la de Villaverde, implantada sobre la antigua e histórica de los Barreiros y que ahora fabrica los nuevos C4 en exclusiva mundial. Por sus líneas de montaje han pasado iconos como el Simca 1000 o el Peugeot 205 GTI. Entre muchos otros.

 Citroen AMI
AMI / Foto: Citroën

Ahora Citroën, y por terminar donde empecé, tiene el reto de pese a estar instalada en el gigantesco consorcio Stellantis, y de fabricar muchos vehículos de serie similares a los demás, mantener productos innovadores y distintos, como siempre hizo. Parece ser que la reedición del ahora pequeño Citroën AMI en algo muy distinto denominado ‘objeto de movilidad’ va por esta línea, pero seguiremos echando de menos una gran berlina francesa como aquella que salvó la vida al presidente De Gaulle.