Tesla S: el coche espacial, por Rafael Chelala

  • Rafael Chelala
Tesla Model S/Foto: Tesla
Tesla Model S/Foto: Tesla

Con perdón del croata Nikola Tesla, a quien debe su nombre no sólo la marca sino que también el sistema métrico de inducción electromagnético, los automóviles Tesla tiene predecesores importantes en la industria. Por un lado, el también fabricante norteamericano Studebaker que vendió  coches eléctricos entre 1902 y 1912, en los que por cierto se paseaba Thomas Edison, rival de Nikola Tesla en el mundo de los genios inventores que han revolucionado el mundo. Y por otro lado el primer vehículo híbrido que se fabrica en serie desde 1997 y que revoluciona la industria del automóvil, el Toyota Prius. Este último, estéticamente discutible, pero que inicia una nueva cultura de respeto al medio ambiente con un producto identificable, cargado de innovaciones y de buenas intenciones. Empezó a adquirirse por clientes, muy pocos, que estaban incómodos con su huella de carbono que dejaban en su existencia, y que querían sentirse bien y diferenciarse haciendo algo por el medioambiente de manera voluntaria. Lo que hoy no se discute, porque la mentalidad es distinta ya para la gran mayoría.

Ahora la sostenibilidad es importante, y raro empieza a ser en muchas ciudades escuchar un motor encendido en un semáforo. Recuerdo la primera vez que conduje un Prius, fue en los Estados Unidos, antes de popularizarse en el mundo del taxi. Me pareció algo especial, la verdad, porque entonces lo de circular sin escuchar un motor, aunque fuese de manera intermitente, pues no era lo habitual. Y el interior era también extraño, original con ese puesto de conducción que parece que te envuelve y su característica mini palanca de cambios. Y ciertamente te sentías mejor sabiendo que las emisiones se reducían drásticamente evitando el despilfarro energético. El Prius es el gran punto de inflexión en sostenibilidad. A partir de entonces y siguiendo la tendencia de Toyota, que traslada la tecnología a otros de sus modelos, comienza a buscarse soluciones de eficiencia por otros fabricantes. Y también para cumplir con las regulaciones medioambientales impuestas por las administraciones.

 

 

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Tesla irrumpe con un modelo de negocio absolutamente nuevo y disruptivo. Como está pasado en tantas industrias, una tecnológica irrumpe en un mercado porque realmente Tesla no es un fabricante de coches, sino una compañía energética. Pero lo cierto es que en lo que respecta a automóviles no lo está haciendo nada mal. De la mano de Gilbert Passin, ex Toyota, Musk adquiere una fábrica abandonada, la pintan de un blanco nuclear y la llenan de robots rojos que a diferencia de otras factorías robotizadas, realizan varias funciones como las manos humanas. Todo ha de ser replanteado en la cabeza de Elon Musk, y claro, para hacer un coche que es absolutamente nuevo, hace falta una fabrica muy especial, al estilo Willy Wonka. Todo es distinto incluso el lugar donde se deben de producir. El primer coche no dejó de ser un experimento, el Tesla Roadster es un Lotus Elite electrificado que se presentó en 2006 y del que se vendieron menos de 2.500 unidades. De hecho, se fabricó en el Reino Unido bajo el paraguas del fabricante británico, ahora chino. Un experimento al estilo DeLorean, pero gracias al cual se consiguió demostrar al mundo que el coche eléctrico corría, y sobretodo que aceleraba rapidísimo, sin llegar a los 4 segundos en el 0 a 100.

Elon Musk, CEO de Tesla/Foto: Getty
Elon Musk, CEO de Tesla/Foto: Getty

Pero la nueva fábrica norteamericana se reservaba para el coche que realmente vería la producción masiva, el Tesla S, que además de muchas otras cosas, es eléctrico. Uno de los grandes aciertos de Musk es replantearse todo desde cero. No se copia a nadie en esta nueva berlina que debe de ser sobretodo la mejor que se haya fabricado, y con la suerte de tener a los de Palo Alto muy cerquita, para inundar la nueva criatura de tecnología a tutiplén. Cuando Toyota, crea Lexus para competir con Mercedes o BMW, les copia e implementa mejoras, pero aquí, en Tesla, lo único que se parece es que tiene cuatro ruedas y de hecho ha sido al revés, ya que las grandes pantallas interactivas que sustituyen a los botones, han sido descaradamente copiadas incluso en su disposición. El modelo S, con pedidos de clientes comprometidos antes de su salida, comenzó a entregarse en el verano de 2012. Su diseño corrió a cargo del ex Mazda Franz von Holzhausen que por supuesto es alumni del Art Center College of Design de California. Todo queda en casa.

Foto: Tesla
Foto: Tesla

Una de las ventajas del nuevo vehículo es la cantidad de espacio por todos lados, ya que toda su mecánica se reduce a un motor electromagnético situado en el eje de las ruedas traseras. El propulsor además proporciona freno regenerativo lo que permite la conducción con un solo pedal, es decir, si no se acelera, el coche frena, y cuando frena las baterías se recargan. No hay nada más de mecánica de motor, aparte claro está, de las baterías que van acopladas al chasis por debajo en posición plana y formando parte de la propia estructura del automóvil, lo que también garantiza una mayor estabilidad. El hueco de delante queda totalmente libre, como el del 911, pero con mucho más espacio, y la parte de detrás es tan amplia que caben dos asientos ubicados en el sentido contrario de la marcha para niños conformando así un coche de 7 plazas bajo una berlina liftback, es decir, de portón trasero. Y bajo esa marcha silenciosa, casi mágica, se encuentra la que es actualmente la más rápida del mundo en aceleración sin siquiera necesidad de cambiar de marcha, es como que nunca se acaba. El reto en cualquier caso de Tesla es enorme porque la energía hay que llevarla a cada sitio donde se vendan sus coches y recordemos que todo parte de un ecosistema muy tecnológico y de muchos recursos como lo es el de California. Trasladar este tipo de vehículos a todos los países haciéndolo viable en áreas no urbanas del mundo, es una misión energética gigantesca, caso tan grande como la de conquistar el espacio.

Continuará…